sábado, 26 de septiembre de 2020

COMO DIJO NIETZSCHE


Cuando me recibí de enfermera me sentí realizada, porque siempre tuve vocación de ayudar al prójimo. Pero la posibilidad del desencanto siempre anda rondando alrededor como un fantasma; que lo diga yo que a quien debía cuidar me hizo querer matarlo: un paciente rezongón que me sacó de quicio. 

   En dos años inyectándole cuatro inyecciones de penicilina diarias me había hecho la fama de buena buscadora de venas (no fallé nunca), hasta en mis días libres tenía iba al hospital para inyectarlo al rezongón aquel. Me tenía harta, hasta soñaba con él. y para peor ni se curaba ni se moría, el infeliz, conque empecé a agarrarle rabia. De la rabia a querer deshacerme del viejo llegué en dos pasos. Fue entonces que elaboré un plan siniestro para empujarlo al más allá de una vez por todas. A ver si así me deja en paz, me dije. Es claro que tuve ayuda, un diablillo me insistía al pie de la oreja: "Inyéctale cianuro". 
  
   Fue entonces que una noche, para la última inyección del día, le zampé el cianuro sin dolor ni piedad. Al otro día me hice lo más boluda que pude y fui a ponerle la inyección de la mañana, como siempre, y, lógicamente, la cama estaba vacía. Siguiendo con mi teatro puse cara de sorpresa cuando le pregunté a un doctor que pasaba por allí qué había pasado con el paciente (listo, me dije, me dice que se murió y yo hago como que paso mal, digo "¿por qué, por qué? me había encariñado tanto con el abuelito", y zafo). 

   Ah, no te enteraste, me dijo el doctor. 

   No, le dije con la cara más estúpida que fui capaz de improvisar. 

   Hoy le dimos de alta porque se curó de repente, es un milagro, dijo con la sonrisa de oreja a oreja. La concha de su madre, pensé, es como dijo Nietzsche, lo que no te mata te cura. 

Licencia Creative Commons
COMO DIJO NIETZSCHE por FRANCISCO A. BALDARENA se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

Basada en una obra en https://creativecommons.org/choose/?lang=es#metadata.  

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